Arte y colectividad: nuevas perspectivas de las ciudades desde el espacio público.

Hombre viendo escultura
                                                                                                                                                    Foto: Pixabay
El 8 de septiembre de 1978, Quito (Ecuador) y Cracovia (Polonia) fueron las primeras ciudades del mundo en ser declaradas por la UNESCO, Patrimonio Cultural de la Humanidad. Esta declaratoria significa que ambas ciudades preservan un paisaje cultural que es importante no solamente para los habitantes de ambas urbes, sino para todos los ciudadanos del mundo, quienes deberían importarse ante cualquier atentado que pudiera ir en detrimento de este patrimonio.
Sin embargo, pese a tener este título que, a nuestro modo de ver es muy importante en términos de relevancia mundial, las interrogantes que se plantean son:
1) ¿Será que las quiteñas y quiteños están conscientes de lo que eso significa? 
2) ¿Qué implica vivir en el primer Patrimonio Cultural de la Humanidad? 
 
Ante estas interrogantes, creemos que aún hay mucho trabajo por hacer con relación a la educación patrimonial, una educación que esté encaminada hacia la generación de una verdadera conciencia de lo que significa ser parte de un entorno histórico y natural que le es importante al mundo por todo el acervo que conserva en sus edificaciones civiles, religiosas, pero principalmente en sus habitantes que son los portadores de una riqueza cultural invaluable.

 

Habitat III significó para el Ecuador la oportunidad de trascender fronteras y mostrarse como un país capaz de organizar un evento de tal magnitud, así como ser un polo que pueda aglutinar las ideas del mundo con respecto al desarrollo sostenible de las ciudades. sin embargo, más allá de la trascendencia del evento, lo más importante es que en todas las conferencias y mesas redondas a las que pudimos asistir, se insistió mucho en tres temas principales:
  • Ciudades inclusivas para todas y todos, sin importar su origen étnico, religión, ideología política, orientación sexual o discapacidad.
  • Generación, repotenciación o apropiación de espacios públicos para las y los ciudadanos que sirvan de ejes que permitan una mayor y mejor interacción entre las personas.
  • Uso del arte como herramienta que aporte tanto al desarrollo social y económico, así como a la integración humana.
En esta línea podemos decir que el caso concreto del Centro Histórico de Quito, el caos y el desorden han vuelto, sin contar que las actuales intervenciones que se han hecho con motivo de la construcción del metro y la implementación de estos nuevos autobuses están poniendo en riesgo el patrimonio histórico-cultural de la capital ecuatoriana sin que al parecer exista una adecuada planificación o intervención por parte de las entidades de control. Por otro lado, el arte de calle es casi inexistente, ya que no se les permite a los artistas un libre ejercicio de su trabajo como sí sucede en la mayoría de ciudades del mundo. A esto se suma el poco involucramiento de la ciudadanía en temas concernientes a la conservación de este núcleo urbano que se muestra frágil ante un desarrollo avasallador. La coyuntura política y la problemática económica que han afectado al mundo, son temas que concitan una mayor atención de la gente, dejando en segundo plano algo igual de importante como la cultura.
Al respecto como Colectivo Mediarte proponemos ideas concretas para apoyar a estos objetivos:
  1. En primer lugar es fundamental generar procesos de capacitación y formación en los barrios de nuestras ciudades con la finalidad de que sus habitantes comprendan que la participación ciudadana es la clave para la generación de proyectos o el fortalecimiento de procesos que apunten al desarrollo social, cultural y económico de las comunidades. Para lograrlo es imprescindible, por un lado, romper barreras que la propia sociedad ha impuesto, a fin de superar individualismos que no conducen a nada, y por otro, crear mecanismos para impulsar en las comunidades, el empoderamiento del patrimonio que conforma su identidad, así como su memoria histórica y colectiva. Por esa razón hemos empezado con tres tipos de talleres que abordan temáticas diferentes, pero complementarias al mismo tiempo, las cuales son: gestión cultural y redes culturales; mediación cultural y creación de proyectos culturales.
  2. En segundo lugar y luego de tener una comunidad capacitada y organizada, proponemos la generación de proyectos culturales que salgan desde las bases de la sociedad, ya que creemos fuertemente que la cultura debe ser entendida como un proceso colectivo, participativo y en constante transformación, por lo que se hace necesario que las y los ciudadanos entiendan la importancia del trabajo colectivo, así como también tener claro que la cultura es un motor fundamental de desarrollo.  Para la consecución de estos proyectos, debe haber un seguimiento y además debe dárseles a las y los gestores culturales las herramientas que conviertan sus ideas en proyectos sostenibles y que se vayan fortaleciendo con el tiempo. Esto debe incluir la toma del espacio público (parques, plazas, casas barriales, boulevares, etc.) con propuestas que inviten al encuentro, al diálogo, a la convergencia de ideas y al disfrute del arte.
En este sentido, entendemos al arte como todas aquellas manifestaciones creadas por el ser humano (artes plásticas, artes escénicas, artes cinematográficas, artes literarias, etc.) y por lo tanto creemos que el arte es la expresión más sublime creada por el hombre/mujer de la antigüedad que puede transformarse en un motor que impulse a la sociedad a ejercer una ciudadanía plena en la que todas y todos podamos vivir en un entorno más amigable e inclusivo. Cuando el arte interviene en los procesos de educación y formación ciudadana, contribuye a crear mejores ciudadanos en la medida en que sensibiliza a las personas sobre las problemáticas contemporáneas, pero desde distintas miradas. Por ejemplo, el teatro entendido desde lo social es un vehículo de apoyo a la resolución de conflictos, del mismo modo que la pintura mural puede generar espacios de diálogo y encuentro entre grupos de jóvenes en situación de vulnerabilidad y su entorno.
Las ciudades del siglo XXI deben comenzar a desarrollarse con una visión que salga desde el espacio público, donde todas y todos seamos capaces de transformar nuestras realidades usando el arte como canal.
En definitiva, como Colectivo Mediarte queremos sumarnos a esta ardua pero importante tarea de apoyar a las comunidades de base a investigar, difundir, conservar y hacer uso de su rico patrimonio histórico-cultural.

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