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Mi paso por el teatro histórico

Textos y fotos: Fabián Amores Núñez y Lucía Cachago*.

Obra “Historias del Mariscal en La Mariscal”, 2017.

“¡Chicos a ensayar! Estiren brazos, piernas, respiren… Así comienza una clase de teatro, así comienzan los sueños, así comienzan las enseñanzas… El camino que se recorre hasta estar frente al público y trasmitir lo que se ha practicado es complejo pero satisfactorio, este proceso llevado por personas que aman el arte y tienen la predisposición para brindar confianza, enseñar y compartir sus conocimientos es una fortaleza. Mi gratitud a Fabián, por la paciencia y sobre todo por la sabiduría que imparte, no sólo aprendemos a desenvolvernos y personificar sino que conocemos vivencialmente la historia de nuestro territorio, porque vamos de los datos generales a lo cotidiano de las personas de la época. De esta forma es como en lugar de aprender de los libros uno puede vivir y trasladarse a la época y el lugar que está relatando, mi mejor experiencia con el teatro ha sido esta, en la que pude combinarlo con la historia”.

Así lo dice Lucía Cachago, ingeniera en turismo que le ha dedicado una buena parte de su vida al teatro y a la danza. El teatro poco a poco se ha ido convirtiendo en una importante herramienta para la educación patrimonial. Estudié para ser Guía Nacional de Turismo en Quito y desde el año 2001 inicié mi camino profesional como guía del Museo Nacional de Banco Central del Ecuador. De ese modo me fui formando ya en el campo de batalla y desde entonces empecé a trabajar con públicos diversos, aprendiendo a conocer sus necesidades a la hora de visitar el museo.

Fue así como en el año 2004 se presentó la oportunidad de desarrollar un proyecto piloto llamado “Vive tu historia”, el cual se inició con un grupo de estudiantes de algunas universidades y colegios de la capital que hacían pasantías. En octubre conocí a Irina Verdesoto, actual catedrática de teatro en la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador en Quito, con la que realizamos el primer taller de teatro para principiantes en el que participaron alumnos de turismo del Tecnológico Internacional ITHI, de la Universidad Central y de la Salesiana. En diciembre de ese año presentamos a personajes tradicionales de la ciudad, entre los que se destacaron “Evaristo Corral y Chancleta” (al cual tuve el atrevimiento de representar), “La Torera”, el “Padre Almeida” y la “Cajonera”. La idea consistió en colocar a cada personaje en un espacio del museo a fin de que relate un poco de su historia y muestre los objetos de la colección. Los visitantes que ingresaban, se sorprendían al ser recibidos por distintos personajes que se iban cambiando a modo de postas.

En julio escribí mi primera obra titulada “Sueños de Libertad”, la misma que fue presentada en agosto de ese año en el pequeño auditorio del museo. Fue tal la aceptación de los asistentes, en especial de los grupos de estudiantes, que gracias al apoyo del entonces Director Cultural del Banco Central del Ecuador, Fernando Moncayo, junto a María del Pilar Miño (Directora del Museo Nacional) y Estelina Quinatoa (Curadora de la Reserva de Arqueología y Oro) dimos inicio formal a un proyecto educativo que duró 4 años a lo largo de los cuales aprendí que el teatro, además de entretener, podría convertirse en una fuerte herramienta de educación no formal.

Junto al grupo de música tradicional andina “Huasipungo” presentamos una obra ambientada en el Quito de 1944, en plena Revolución “La Gloriosa”. Fue la primera vez que mezclamos música, danza y teatro.

Posteriormente se vinieron las obras didáctico-teatralizadas “Kitu, ciudad sagrada” y “Pichincha, el volcán de la libertad”, así como la visita teatralizada “Mujeres de la historia”. Pero como suele pasar con la cultura, diversos avatares hicieron que el proyecto dejara de promoverse, no obstante, en el año 2008, la entonces Dirección Cultural de Guayaquil del Banco Central lanzó la gran iniciativa “Cultura para todos”, con el fin de unir a todos los museos y centros culturales de la red, a través de innumerables exposiciones, cine y teatro. Ahí, junto a quienes en ese momento fueron mis compañeros de trabajo, recibimos el primer taller de títeres que nos permitió desarrollar un ciclo de presentaciones con las que “Cultura para todos” recorrió algunas provincias del país, por medio de simpáticos personajes prehispánicos de las culturas Inga y Valdivia que compartían sus historias con los niños.

Obra “Pichincha, el volcán de la libertad”, presentada en Museo Nacional. 2008.

Luego de ello, gracias a las gestiones realizadas por Ana María Armijos, quien en ese momento fungía como encargada de los programas educativos, recibimos un curso intensivo de teatro a cargo de Guido Navarro Estévez y su excelente equipo de colaboradores del Teatro Cronopio, con quienes fuimos ganando más cancha en las tablas. Fue una gran experiencia de la que seguro mis compañeros y yo guardamos gratos recuerdos.

Finalmente, en el año 2009 me desvinculé del Banco Central por motivos personales, pero la vida se encargó de llevarme al Brasil en variadas ocasiones, un país que me cambió la visión del arte, la vida y el teatro. Tuve la suerte de estar en el Festival Internacional de Cine de Rio, así como de asistir a diversas obras de teatro experimental tanto en Rio de Janeiro como en São Paulo. Cuba fue otro destino que me abrió las puertas al arte, a la historia y desde luego, a las tablas.

Tuve la suerte de organizar algunos talleres de teatro para guías de turismo y mediadores educativos en diversos espacios, tales como Colegio Andino, Tecnológico Internacional ITTHI, Parque Arqueológico Rumipamba, entre otros.  Lo mejor de esta experiencia es haber conocido a colegas que luego incursionaron también en las tablas del teatro histórico, en especial a Jaime Paz y Miño, Arturo Rueda y Ricardo López del grupo “Ecuador entre luces y sombras”, con quienes logramos codirigir la obra “Rojo estigma” en agosto del 2015.

Pero los torcidos caminos que a veces toma la vida me llevaron de vuelta al Museo Nacional en el año 2014, gracias a una de mis mentoras profesionales y de vida, Estelina Quinatoa, quien en ese momento era Subsecretaria de Memoria Social del Ministerio de Cultura y Patrimonio, institución que desde el 2010 asumió el mando de todo el proceso cultural que por décadas manejó el Banco Central. Mi labor era de conformar un Departamento Educativo con miras a que tenga alcance nacional, con el objetivo de repotenciar a todos los museos públicos del país. Ahí conocí a un gran equipo de profesionales mediadores que llevan algunos años jugándose la vida por la custodia del patrimonio histórico-cultural de la nación. Junto con Ramiro Espín, Paula Baquero y Alejandra Martínez creamos la iniciativa El Muna Educa y como una de las primeras actividades organizamos el 1er. Curso-Taller de Teatro Histórico, en el que participaron estudiantes de colegios y universidades. Ahí conocí a Jaime Granda, un joven estudiante de turismo y profesor de teatro que me presentó a Sebastián Catán, director del Teatro La Butaca 52, con quienes tuve el privilegio de trabajar durante dos arduos meses de entrenamiento y capacitación que dieron como resultado la presentación de la obra “Sueños de Revolución”, presentada en el Museo Nacional en agosto del 2014.

“Sueños de Revolución” en Museo Nacional. 2014.

Terminada mi gestión, volví a la guianza en carretera y en el centro histórico, aunque el teatro siempre estuvo presente en cada nueva etapa de mi vida profesional. En el año 2016 conformamos el Colectivo Mediarte con Alejandro Vásquez Toribio, otro loco soñador como yo, y desde entonces hemos venido fortaleciendo la mediación cultural como una alternativa para educación patrimonial. En este proceso conocimos a María Fernanda Revelo, comunicadora para el desarrollo y un gran apoyo en este nuevo proyecto. En mayo del 2017 presentamos la obra “Historias del Mariscal en La Mariscal” con motivo de las celebraciones patrias, para lo cual contamos con el apoyo del Ballet Andino Inti Samay. Definir en este punto si yo busco al teatro o el teatro me busca es una respuesta que no la tengo, pero lo cierto es que en julio tuvimos el honor de ser invitados por la Dirección de Gestión Cultural de la Presidencia de la República para dirigir y montar una visita teatralizada como parte de las celebraciones de la “Velada Libertaria 2017”, para la cual presentamos la obra “Sueños de Revolución”, adaptada al palacio de gobierno. Fue una gran experiencia de aprendizaje y revalorización de nuestra rica historia, de la mano de un excelente equipo de profesionales, tanto del área administrativa y de gestión, como de los mediadores del museo. Organizamos un Taller de Teatro Histórico que incluyó desde juegos teatrales, desarrollo de la voz, creación de personajes, hasta contexto histórico y social de la época independentista.

“Sueños de Revolución” en el Palacio de Carondelet. 2017.

Y para finalizar este breve recorrido de mi relación de vida con el teatro, el Ministerio de Turismo del Ecuador escogió a Mediarte para el desarrollo de un recorrido piloto teatralizado como parte del lanzamiento de las rutas “Caminos de arte, fe y chocolate”, al cual asistieron medios de prensa y directivos de la Cartera de Estado. En este recorrido presentamos la obra “Entre pulperías y bulerías, comer chocolate es una herejía”, para lo cual agradezco a un gran amigo e impulsador de esta nueva etapa para Mediarte, Xavier Chicaiza.

Sin embargo, no podría terminar este viaje sin agradecer a tres personas que han sido piedras angulares en mi proceso de crecimiento profesional: mi madre Rosario Núñez, mi tía Cecilia Amores y mi “Jesusa” Bertha Díaz.

 

*Lucía Cachago Ingeniera en Turismo y Preservación Ambiental, conocedora de teatro de forma empírica, autodidacta y vivencial, estudiante de talleres de clown, de teatro histórico y danza boliviana.

Yunguilla, naturaleza, historia y comunidad…

Texto y fotos: Fabián Amores Núñez.

Del 6 al 10 de junio pasados tuvimos el privilegio de apoyar a Quito Turismo, a través de la operadora Galápagos Sunny Roads con la realización de un Press Trip. Los invitados fueron los periodistas españoles Galo Martín Aparicio de Madrid y Daniel Martorell de Palma de Mallorca.

La aventura inició el día jueves a las 07h30 en el Hotel Patio Andaluz, ubicado en el Centro Histórico de Quito. Desde allí salimos hacia el noroccidente de la provincia de Pichincha. Para quienes vivimos en la ciudad, quizá el trayecto hacia San Antonio de Pichincha resulte tan familiar que muchas veces no prestamos atención al paisaje o incluso a ciertos detalles de la vida capitalina, pero cuando se tiene la oportunidad de viajar con extranjeros y más siendo fotógrafos y periodistas, son ellos los que te hacen redescubrir con otras miradas tu propio entorno.

Luego de atravesar Pusuquí, pasamos por Pomasqui, una de las 65 parroquias que conforman el Distrito Metropolitano de Quito, establecida por los conquistadores españoles en 1573 como Santa Clara y Santa Rosa de Pomasqui. En su centro se encuentra la iglesia Matriz y el santuario dedicado a la imagen del Señor del Árbol, un rostro de Jesús tallado sobre el tronco del árbol de kishwar (Buddleia inca) y cuyas festividades se realizan en el mes de julio. Llama la atención a lo largo de la vía las “huecas” donde se puede degustar la tradicional fritada, el plato ícono de la zona, preparada a base de carne de cerdo frita en enormes pailas de bronce.

Continuando la travesía tenemos a San Antonio de Pichincha, considerada una de las parroquias más famosas de nuestro país, debido a que en ella se encuentra el monumento a la Mitad del Mundo, símbolo de la historia e identidad del Ecuador, además de ser la sede de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) desde 2014. Hacia el este observamos el cerro sagrado de Catequilla (2638 m.s.n.m.), lugar donde según las investigaciones arqueoastronómicas habría existido un observatorio astronómico en tiempos preincas y sobre el cual aún hace falta realizar más investigaciones, además de la atención urgente de las autoridades vinculadas a la conservación del patrimonio cultural de la nación con miras a revalorizar este espacio. 

A partir de aquí, el paisaje semi desértico empieza a cambiar paulatinamente conforme vamos avanzando por la carretera hacia el noroccidente. La siguiente vista nos la roban los emblemáticos cerros de La Marca, de los cuales hay quienes se acuerdan de la explotación minera de la cal que los ha debastado, pero casi nadie los identifica como símbolos del escudo de la provincia de Pichincha. Al fondo se ve cómo las nubes cubren el área donde se asienta el cráter del volcán Pululahua.

La siguiente parroquia por la que pasamos es la de Calacalí, una pequeña ciudad típica de los Andes donde se conserva el primer monumento de la Mitad del Mundo, así como la casa donde nació la afamada cantante ecuatoriana, considerada “Reina del Pasillo”, Carlota Jaramillo (1904-1987).

Tanto para Galo como para Daniel, Ecuador era uno de los países latinoamericanos que más migración había enviado a España y aunque les era muy familiar encontrarse con nuestros compatriotas en Madrid, visitar nuestro país significó encontrarse con las raíces de un pueblo cargado de historia y una riqueza cultural que, a decir de Galo, no la hemos difundido lo suficiente fuera de las fronteras nacionales.

Un letrero en la carretera que conecta a Quito con San Miguel de los Bancos y La Independencia, nos anuncia el desvío para ingresar a Yunguilla, un santuario donde se venera a la riqueza natural de una de las zonas más biodiversas del planeta. Tras serpentear unos 20 minutos por una carretera en buenas condiciones, nos encontramos con Alex Collahuazo, nuestro guía comunitario. Después del saludo y presentaciones de rigor, nos condujo hacia la casa de una de las familias que conforman la comunidad de Yunguilla, localizada a 2.650 metros sobre el nivel del mar en una zona de bosque nublado. El paisaje nos sorprendió con sus diversas tonalidades de verde y el cielo se despejó transformándose en un lienzo azul intenso en cuyo fondo apareció imponente el volcán Mama Coatacachi (4.944 m.).

Nuestra primera parada fue en la casa de Germán Collahuazo, líder de la comunidad de Yunguilla y uno de los iniciadores de un proyecto que le ha cambiado la vida a más de 40 familias de la zona. Allí nos recibió junto a su esposa y a un juguetón cachorrito que no paraba de hacer piruetas para que los invitados le prestásemos atención y jugáramos con él. Un sustancioso desayuno compuesto por un delicioso café pasado, frutas, huevos, pan fresco acompañado de una mermelada local de una fruta llamada chigualcán y patacones fue el pretexto ideal para iniciar una interesante conversación en la que nuestro anfitrión nos compartió la historia de lucha y organización de su comunidad desde hace más de 20 años.

Según nos contó, esta región estuvo poblada en tiempos ancestrales por la civilización de los yumbos (800 d.C.), los cuales fueron comerciantes, agricultores y sabios astrónomos, cuyo principal legado nos ha quedado en el Valle Sagrado de Tulipe y en una serie de caminos llamados culuncos que comunicaban al Quito prehispánico con la costa norte. Durante la época colonial, la mayor parte de estas tierras fueron convertidas en haciendas latifundistas dedicadas a la ganadería y agricultura hasta que en 1964, tras la reforma agraria, la junta militar realizó la repartición de tierras entre los pobladores de la zona. Sin embargo, al no contar con apoyo gubernamental para el desarrollo de actividades agroproductivas, los lugareños debieron dedicarse a la tala del bosque con el objetivo de obtener madera para la producción de carbón. La difícil situación económica de las familias hizo que entre 1980 a 1990 también se dedicaran al contrabando de aguardiante a través de los culuncos. En el año de 1995 llegó la Fundación Maquipucuna para empezar un proyecto ambiental en la comunidad con 18 personas. Así fue como se inició un intenso proceso de capacitación que llevó a Germán y a otros jóvenes de la zona a concientizar a las demás familias sobre la importancia de la recuperación del bosque nativo, así como el reemplazo de la actividad extractivista por el ecoturismo. En 1999 comenzaron a llegar los primeros grupos de voluntarios extranjeros y recibieron a un primer grupo de turistas holandeses con los que se dio inicio a un nuevo modo de vivir y al mismo tiempo de conservar el bosque nublado.

Escuchar de la voz de un líder comunitario sus aciertos y tropiezos a lo largo de veinte años de una lucha incansable por defender la tierra, el bosque, las aves y diversas especies que allí habitan, es una experiencia que nos invita a reflexionar acerca de lo que hacemos los seres humanos en el día a día.

Luego de una hora de una cátedra de historia, fue el turno de nuestro guía Alex, quien nos llevó a una mágica caminata por las estribaciones occidentales de la cordillera de los Andes ecuatorianos. Iniciamos en una casa llamada Tahuallullo donde normalmente se suele recibir a los grupos grandes. Aquí hay un área para servir el almuerzo a los excursionistas y además espacio para alojar a 9 personas.

Fotos de la casa Tahuallullo, área para comer y hospedaje.

La caminata inició por un orquideario natural donde se están recuperando y conservando algunas especies de orquídeas que van desde unas grandes y vistosas, hasta unas diminutas que podrían caber en el dedo de una mano. Es gratificante conocer personas como nuestro guía que no solo sabe de lo que te está hablando, sino que además desborda en pasión por su trabajo y por su comunidad. Eso se transmite y se siente. A lo largo de tres horas, realizamos una caminata que incluyó tres proyectos socioproductivos que hacen de Yunguilla una comunidad sostenible y donde el turismo se ha convertido en una herramienta de apoyo al desarrollo de la comunidad, pero que además ha sido el motor que les ha permitido crear otras iniciativas como la producción de mermeladas, quesos y lácteos.  Tanto mujeres como hombres trabajan hombro a hombro en la ejecución de cada una de las iniciativas, las cuales hoy forman parte de la Corporación Yunguilla.

Mermelada de chigualcán, una fruta de la zona que no conocíamos fue la sorpresa de la mañana. También las hacen de mora y frutilla y ya las comercializan en la ciudad. Otra delicia que pudimos probar fueron chips de zanahoria blanca 100% orgánica cultivada en el lugar. Por su parte, en la fábrica de quesos y lácteos se producen quesos frescos y yogur.

El siguiente punto fue subir hasta el mirador donde están construyendo un restaurante que estará abierto en los próximos meses para todos los que que deseen venir a compartir un día con la comunidad y degustar platillos preparados con ingredientes de la zona.

Continuamos por un huerto orgánico cuyos productos sirven para abastecer a los turistas que llegan. La vista de las montañas, del bosque y la paz que se respira en este mágico lugar son atractivos que compiten con la calidez de sus habitantes.

Quizá lo que más nos sorprendió a Galo, Daniel y a mi y que fue el motivo de nuestras conversaciones a lo largo del recorrido fue la organización comunal que ha dado sus frutos en Yunguilla. Aquí no se busca el lucro personal, sino el crecimiento sostenible de toda la comunidad, siendo, a mi modo de ver, uno de los sitios de mi país que gracias a su esfuerzo y dedicación han logrado llegar al sumak kawsay, es decir, al buen vivir. Es una especie de socialismo que ha nacido desde la base comunitaria y no desde la imposición de un gobierno.

Al finalizar la caminata nos dirigimos de vuelta a la casa de Germán donde nos esperaba su esposa con un suculento almuerzo cuyo protagonista fue la deliciosa sopa de quínua. Realmente este fue uno de esos días en los que aprendemos a descubrir más pretextos para amar a nuestro país y a su gente. Vale la pena aventurarse a Yunguilla para aprender de sus habitantes y entender lo que el pensamiento colectivo puede hacer por transformar a la sociedad.

SERVICIOS Y ACTIVIDADES

En la comunidad es posible realizar caminatas guiadas por los senderos para conocer sus proyectos socioproductivos o incluso hacer excursiones por los culuncos prehispánicos. El hospedaje se realiza actualmente en las casas de las familias que han acondicionado habitaciones con baño compartido y que ofrecen, además de las comodidades de un hogar, la calidez y amistad de personas sencillas, pero con una sabiduría que no tienen reparo en compartir.

Si quieren más información sobre la comunidad, cómo llegar y los servicios que ofrecen a quienes se animen por hacer verdadero turismo comunitario, ingresen al website http://www.yunguilla.org.ec.

 

Un lugar para la reflexión histórica

Texto: Fabián Amores y Alejandro Vásquez. Fotos: Mediarte. 

La tarde de ayer 26 de abril realizamos una visita al tradicional barrio La Floresta, ubicado al nororiente de la ciudad de Quito y que está pronto a cumplir los 100 años de existencia. Dicha actividad fue parte de la materia Arte y Educación Patrimonial que reciben los alumnos de artes plásticas de la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador.

El objetivo principal es despertar en los estudiantes el pensamiento crítico sobre la historia, así como darles la oportunidad de interactuar en diversos espacios y ampliar así su visión del arte, el patrimonio y la memoria.

Al llegar nos recibió Ana Steinitz, hija de Gertrud Herta Sojka e Hans Steinitz, dos sobrevivientes del Holocausto judío en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Con una sonrisa abierta y contagiante, nuestra anfitriona compartió algunos secretos de su casa que heredó de sus padres, una construcción que data de 1948 y que desprende en cada rincón las historias y recuerdos de sus padres y en especial de su madre Trude Sojka (1909-2007).

Nacida en Berlín de padres checos, Trude hizo sus estudios de arte en la Academia de Bellas Artes de Berlín. A los 27 años de edad, en 1936 se graduó como una de las mejores alumnas de su promoción. Años más tarde, en 1938, Trude contrajo matrimonio con Dezider Schwartz, un funcionario público. Trude se embarazó justo antes de ser atrapada por los nazis. Su hija, Gabriela, nació en el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia. Dadas las terribles circunstancias de hambre y enfermedad, Gabriela murió poco después de haber nacido. Tras la subida de Hitler al poder, la familia fue separada y únicamente un hermano Waltre Sojka con su esposa sobrevivieron y consiguieron venir al Ecuador. En 1945, Trude y otros presos fueron liberados del campo de concentración por los soviéticos y retornó a Praga, pero lastimosamente ya no encontró a ningún pariente. Tras recuperar algunas pocas pertenencias sobrevivió con trabajos temporales hasta que encontró un anuncio en la Cruz Roja de su hermano Waltre, buscándola a ella y su familia. Al dar con el paradero de su hermano en Ecuador, emprendió una larga travesía hasta llegar al puerto de Guayaquil. Allí se reencontró con su hermano y además conoció a Hans Steinitz con quien contrajo matrimonio en 1948 y se instalaron en el barrio de La Floresta. Así inició la nueva vida de una mujer que se dedicó al arte, haciendo obras con materiales de reciclaje y en cemento, siendo pionera en ello. Llegó a entablar amistad con muchos intelectuales y artistas de renombre, tales como Gilberto Almeida, Oswaldo Guayasamín, Pilar Bustos, Víctor Mideros y Manuel Rendón. Angustia, tragedia y dolor se contraponen a la esperanza, la vida y la fuerza vital de una mujer luchadora que amó al Ecuador como a su propia tierra y cuya esencia está plasmada en cada escultura o cuadro.

A través del recorrido es posible transportarse en el tiempo y reconstruir uno de los episodios más traumáticos para la historia de la humanidad y a la vez reflexionar sobre la vida, la muerte, las guerras, pero también a valorar la paz como un patrimonio fundamental de los seres humanos de cualquier parte del orbe.

Tras una revisión de algunas fotografías de la guerra, de los campos de concentración y de un análisis de la vida de Sojka, ingresamos a un espacio secreto que fue construído a manera de un pequeño búnker donde sus propietarios almacenaban cosas que les permita estar preparados ante cualquier suceso que pudiera acontecer. A pesar de que Ecuador ayudó a muchos refugiados judíos y europeos en general venir al país, las tensiones provocadas por la posterior Guerra Fría, más la campaña mediática promovida desde los Estados Unidos, hacía temer a la población una posible invasión a Sudamérica sea de japoneses o de los propios alemanes nazis.  Fue en medio de esas tensiones que el gobierno ecuatoriano cedió la isla Baltra en las Galápagos para la instalación de una base miliar conocida como Base Beta y que duró entre 1942 a 1945.

Aún se conserva el taller de la artista donde actualmente se guardan las obras que no se exponen en sus salas y que se van rotando a lo largo del año. Según nos ha comentado Ana se han conservado cerca de 300, además de algunos dibujos, documentos y otras pertenencias.

En la segunda planta nos comentó Ana que está planificando abrir el Café Praga, un espacio donde los visitantes puedan venir a probar los mejores postres checos junto a una deliciosa y humeante taza de café, así como compartir entre amigos.

El siguiente lugar que nos impresionó fue la biblioteca en la que se han catalogado y conservado infinidad de libros en español, inglés, checo, francés y otros idiomas, los cuales tratan sobre el Holocausto y el arte. Es ideal para quienes deseen zambullirse en la historia mundial.

En los exteriores también existen algunas esculturas dejadas por la artista.

La Casa Cultural Trude Sojka fue abierta al público en el año 2009 por las hijas de Sojka (Ruth, Eva, Hedwika y Ana) como un homenaje a una mujer luchadora y sobreviviente del holocausto, pero también como un espacio para el fomento de la paz. Ha recibido el apoyo de la Embajada de Israel, así como del Ministerio de Cultura y Patrimonio del Ecuador, además de haber sido nombrada por la National Underground Railroad Freedom Center como Estación de Libertad.

Para tener más información sobre las actividades que se realizan, pueden visitar el sitio web https://casaculturaltrudesojka.wordpress.com/

Camina San Marcos

Mayah Franco (Coordinadora del Museo de la Acuarela y Dibujo), David del Pozo (Responsable de Relaciones Públicas de Sirka), Alejandro Vásquez Toribio (Coordinador Mediarte), Fabián Amores Núñez (Coordinador Mediarte) y Tatiana Rivera (Administradora del Café del Museo). 

El Museo de la Acuarela y Dibujo Muñoz Mariño, ubicado en el barrio colonial de San Marcos, localizado en el Centro Histórico de Quito, ha conformado en conjunto con la Cervecería Artesanal y Galería de Arte Sirka y con nuestro equipo de Mediarte, una iniciativa denominada “Camina San Marcos”, el cual consiste en la creación de rutas patrimoniales temáticas enfocadas a promover el arte, la historia y  el patrimonio cultural del barrio. Actualmente nos encontramos en el proceso de investigación y desarrollo de las rutas que estarán destinadas a tres públicos específicos: parejas, familias y adultos mayores. La iniciativa busca brindar una alternativa para quienes deseen adentrarse en la historia de la ciudad redescubriendo lugares emblemáticos de uno de los barrios más antiguos de Quito, fundado por los españoles a finales del siglo XVI como parroquia de indios. Próximamente estaremos anunciando por este medio las rutas y las actividades planeadas, a fin de que se unan a esta iniciativa ciudadana y barrial que busca la conservación de nuestro rico legado.

Arte y colectividad: nuevas perspectivas de las ciudades desde el espacio público.

Hombre viendo escultura
                                                                                                                                                    Foto: Pixabay
El 8 de septiembre de 1978, Quito (Ecuador) y Cracovia (Polonia) fueron las primeras ciudades del mundo en ser declaradas por la UNESCO, Patrimonio Cultural de la Humanidad. Esta declaratoria significa que ambas ciudades preservan un paisaje cultural que es importante no solamente para los habitantes de ambas urbes, sino para todos los ciudadanos del mundo, quienes deberían importarse ante cualquier atentado que pudiera ir en detrimento de este patrimonio.
Sin embargo, pese a tener este título que, a nuestro modo de ver es muy importante en términos de relevancia mundial, las interrogantes que se plantean son:
1) ¿Será que las quiteñas y quiteños están conscientes de lo que eso significa? 
2) ¿Qué implica vivir en el primer Patrimonio Cultural de la Humanidad? 

Parafraseando a Jorge Castillo

Jorge Castillo en Chile
                                                                                                                            Foto: Corp Cultura Paillaco
Amig@s de Mediarte, a continuación les compartimos una entrevista que realizamos a Jorge Castillo. Es un Guía Nacional de Turismo que además obtuvo una Licenciatura en Ciencias de la Educación, mención Ciencias Sociales y tiene un Máster en Cultura. Es además, el creador, vocalista y compositor del grupo Músicos Anónimos que ganó un reconocimiento en el concurso Mis Bandas Nacionales, como artista revelación. Actualmente se encuentra promocionando su segundo trabajo discográfico titulado “El éxito de mis fracasos” que se encuentra en el Festival “Voces por Sudamérica 2016” en Paillaco, Chile.

Habitat III

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Habitat es un encuentro internacional organizado por las Naciones Unidas, en el que los estados miembros se congregan para debatir, acercar posturas, plantear y acordar propuestas en torno a la ciudad y el rol de los ciudadanos, a los espacios urbanos y la sostenibilidad y habitabilidad de estos.                                                                                                                                   Anteriores a Quito, fueron sede Vancouver (Canadá) en 1976, donde se crea la Fundación de las Naciones Unidas para el Hábitat y los Asentamientos Humanos (FNUHAH), el primer órgano oficial de la ONU dedicado al urbanismo. En aquel encuentro, se reconoce ya plenamente el desafío que supone la urbanización (anteriormente dos tercios de la población mundial era rural). Con escaso apoyo financiero y económico, se acordaron medidas para la prevención y mejora de problemas originados por el crecimiento urbano masivo, en particular en los países en vías de desarrollo. Sigue leyendo