Mi paso por el teatro histórico

Textos y fotos: Fabián Amores Núñez y Lucía Cachago*.

Obra “Historias del Mariscal en La Mariscal”, 2017.

“¡Chicos a ensayar! Estiren brazos, piernas, respiren… Así comienza una clase de teatro, así comienzan los sueños, así comienzan las enseñanzas… El camino que se recorre hasta estar frente al público y trasmitir lo que se ha practicado es complejo pero satisfactorio, este proceso llevado por personas que aman el arte y tienen la predisposición para brindar confianza, enseñar y compartir sus conocimientos es una fortaleza. Mi gratitud a Fabián, por la paciencia y sobre todo por la sabiduría que imparte, no sólo aprendemos a desenvolvernos y personificar sino que conocemos vivencialmente la historia de nuestro territorio, porque vamos de los datos generales a lo cotidiano de las personas de la época. De esta forma es como en lugar de aprender de los libros uno puede vivir y trasladarse a la época y el lugar que está relatando, mi mejor experiencia con el teatro ha sido esta, en la que pude combinarlo con la historia”.

Así lo dice Lucía Cachago, ingeniera en turismo que le ha dedicado una buena parte de su vida al teatro y a la danza. El teatro poco a poco se ha ido convirtiendo en una importante herramienta para la educación patrimonial. Estudié para ser Guía Nacional de Turismo en Quito y desde el año 2001 inicié mi camino profesional como guía del Museo Nacional de Banco Central del Ecuador. De ese modo me fui formando ya en el campo de batalla y desde entonces empecé a trabajar con públicos diversos, aprendiendo a conocer sus necesidades a la hora de visitar el museo.

Fue así como en el año 2004 se presentó la oportunidad de desarrollar un proyecto piloto llamado “Vive tu historia”, el cual se inició con un grupo de estudiantes de algunas universidades y colegios de la capital que hacían pasantías. En octubre conocí a Irina Verdesoto, actual catedrática de teatro en la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador en Quito, con la que realizamos el primer taller de teatro para principiantes en el que participaron alumnos de turismo del Tecnológico Internacional ITHI, de la Universidad Central y de la Salesiana. En diciembre de ese año presentamos a personajes tradicionales de la ciudad, entre los que se destacaron “Evaristo Corral y Chancleta” (al cual tuve el atrevimiento de representar), “La Torera”, el “Padre Almeida” y la “Cajonera”. La idea consistió en colocar a cada personaje en un espacio del museo a fin de que relate un poco de su historia y muestre los objetos de la colección. Los visitantes que ingresaban, se sorprendían al ser recibidos por distintos personajes que se iban cambiando a modo de postas.

En julio escribí mi primera obra titulada “Sueños de Libertad”, la misma que fue presentada en agosto de ese año en el pequeño auditorio del museo. Fue tal la aceptación de los asistentes, en especial de los grupos de estudiantes, que gracias al apoyo del entonces Director Cultural del Banco Central del Ecuador, Fernando Moncayo, junto a María del Pilar Miño (Directora del Museo Nacional) y Estelina Quinatoa (Curadora de la Reserva de Arqueología y Oro) dimos inicio formal a un proyecto educativo que duró 4 años a lo largo de los cuales aprendí que el teatro, además de entretener, podría convertirse en una fuerte herramienta de educación no formal.

Junto al grupo de música tradicional andina “Huasipungo” presentamos una obra ambientada en el Quito de 1944, en plena Revolución “La Gloriosa”. Fue la primera vez que mezclamos música, danza y teatro.

Posteriormente se vinieron las obras didáctico-teatralizadas “Kitu, ciudad sagrada” y “Pichincha, el volcán de la libertad”, así como la visita teatralizada “Mujeres de la historia”. Pero como suele pasar con la cultura, diversos avatares hicieron que el proyecto dejara de promoverse, no obstante, en el año 2008, la entonces Dirección Cultural de Guayaquil del Banco Central lanzó la gran iniciativa “Cultura para todos”, con el fin de unir a todos los museos y centros culturales de la red, a través de innumerables exposiciones, cine y teatro. Ahí, junto a quienes en ese momento fueron mis compañeros de trabajo, recibimos el primer taller de títeres que nos permitió desarrollar un ciclo de presentaciones con las que “Cultura para todos” recorrió algunas provincias del país, por medio de simpáticos personajes prehispánicos de las culturas Inga y Valdivia que compartían sus historias con los niños.

Obra “Pichincha, el volcán de la libertad”, presentada en Museo Nacional. 2008.

Luego de ello, gracias a las gestiones realizadas por Ana María Armijos, quien en ese momento fungía como encargada de los programas educativos, recibimos un curso intensivo de teatro a cargo de Guido Navarro Estévez y su excelente equipo de colaboradores del Teatro Cronopio, con quienes fuimos ganando más cancha en las tablas. Fue una gran experiencia de la que seguro mis compañeros y yo guardamos gratos recuerdos.

Finalmente, en el año 2009 me desvinculé del Banco Central por motivos personales, pero la vida se encargó de llevarme al Brasil en variadas ocasiones, un país que me cambió la visión del arte, la vida y el teatro. Tuve la suerte de estar en el Festival Internacional de Cine de Rio, así como de asistir a diversas obras de teatro experimental tanto en Rio de Janeiro como en São Paulo. Cuba fue otro destino que me abrió las puertas al arte, a la historia y desde luego, a las tablas.

Tuve la suerte de organizar algunos talleres de teatro para guías de turismo y mediadores educativos en diversos espacios, tales como Colegio Andino, Tecnológico Internacional ITTHI, Parque Arqueológico Rumipamba, entre otros.  Lo mejor de esta experiencia es haber conocido a colegas que luego incursionaron también en las tablas del teatro histórico, en especial a Jaime Paz y Miño, Arturo Rueda y Ricardo López del grupo “Ecuador entre luces y sombras”, con quienes logramos codirigir la obra “Rojo estigma” en agosto del 2015.

Pero los torcidos caminos que a veces toma la vida me llevaron de vuelta al Museo Nacional en el año 2014, gracias a una de mis mentoras profesionales y de vida, Estelina Quinatoa, quien en ese momento era Subsecretaria de Memoria Social del Ministerio de Cultura y Patrimonio, institución que desde el 2010 asumió el mando de todo el proceso cultural que por décadas manejó el Banco Central. Mi labor era de conformar un Departamento Educativo con miras a que tenga alcance nacional, con el objetivo de repotenciar a todos los museos públicos del país. Ahí conocí a un gran equipo de profesionales mediadores que llevan algunos años jugándose la vida por la custodia del patrimonio histórico-cultural de la nación. Junto con Ramiro Espín, Paula Baquero y Alejandra Martínez creamos la iniciativa El Muna Educa y como una de las primeras actividades organizamos el 1er. Curso-Taller de Teatro Histórico, en el que participaron estudiantes de colegios y universidades. Ahí conocí a Jaime Granda, un joven estudiante de turismo y profesor de teatro que me presentó a Sebastián Catán, director del Teatro La Butaca 52, con quienes tuve el privilegio de trabajar durante dos arduos meses de entrenamiento y capacitación que dieron como resultado la presentación de la obra “Sueños de Revolución”, presentada en el Museo Nacional en agosto del 2014.

“Sueños de Revolución” en Museo Nacional. 2014.

Terminada mi gestión, volví a la guianza en carretera y en el centro histórico, aunque el teatro siempre estuvo presente en cada nueva etapa de mi vida profesional. En el año 2016 conformamos el Colectivo Mediarte con Alejandro Vásquez Toribio, otro loco soñador como yo, y desde entonces hemos venido fortaleciendo la mediación cultural como una alternativa para educación patrimonial. En este proceso conocimos a María Fernanda Revelo, comunicadora para el desarrollo y un gran apoyo en este nuevo proyecto. En mayo del 2017 presentamos la obra “Historias del Mariscal en La Mariscal” con motivo de las celebraciones patrias, para lo cual contamos con el apoyo del Ballet Andino Inti Samay. Definir en este punto si yo busco al teatro o el teatro me busca es una respuesta que no la tengo, pero lo cierto es que en julio tuvimos el honor de ser invitados por la Dirección de Gestión Cultural de la Presidencia de la República para dirigir y montar una visita teatralizada como parte de las celebraciones de la “Velada Libertaria 2017”, para la cual presentamos la obra “Sueños de Revolución”, adaptada al palacio de gobierno. Fue una gran experiencia de aprendizaje y revalorización de nuestra rica historia, de la mano de un excelente equipo de profesionales, tanto del área administrativa y de gestión, como de los mediadores del museo. Organizamos un Taller de Teatro Histórico que incluyó desde juegos teatrales, desarrollo de la voz, creación de personajes, hasta contexto histórico y social de la época independentista.

“Sueños de Revolución” en el Palacio de Carondelet. 2017.

Y para finalizar este breve recorrido de mi relación de vida con el teatro, el Ministerio de Turismo del Ecuador escogió a Mediarte para el desarrollo de un recorrido piloto teatralizado como parte del lanzamiento de las rutas “Caminos de arte, fe y chocolate”, al cual asistieron medios de prensa y directivos de la Cartera de Estado. En este recorrido presentamos la obra “Entre pulperías y bulerías, comer chocolate es una herejía”, para lo cual agradezco a un gran amigo e impulsador de esta nueva etapa para Mediarte, Xavier Chicaiza.

Sin embargo, no podría terminar este viaje sin agradecer a tres personas que han sido piedras angulares en mi proceso de crecimiento profesional: mi madre Rosario Núñez, mi tía Cecilia Amores y mi “Jesusa” Bertha Díaz.

 

*Lucía Cachago Ingeniera en Turismo y Preservación Ambiental, conocedora de teatro de forma empírica, autodidacta y vivencial, estudiante de talleres de clown, de teatro histórico y danza boliviana.

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