Un lugar para la reflexión histórica

Texto: Fabián Amores y Alejandro Vásquez. Fotos: Mediarte. 

La tarde de ayer 26 de abril realizamos una visita al tradicional barrio La Floresta, ubicado al nororiente de la ciudad de Quito y que está pronto a cumplir los 100 años de existencia. Dicha actividad fue parte de la materia Arte y Educación Patrimonial que reciben los alumnos de artes plásticas de la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador.

El objetivo principal es despertar en los estudiantes el pensamiento crítico sobre la historia, así como darles la oportunidad de interactuar en diversos espacios y ampliar así su visión del arte, el patrimonio y la memoria.

Al llegar nos recibió Ana Steinitz, hija de Gertrud Herta Sojka e Hans Steinitz, dos sobrevivientes del Holocausto judío en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Con una sonrisa abierta y contagiante, nuestra anfitriona compartió algunos secretos de su casa que heredó de sus padres, una construcción que data de 1948 y que desprende en cada rincón las historias y recuerdos de sus padres y en especial de su madre Trude Sojka (1909-2007).

Nacida en Berlín de padres checos, Trude hizo sus estudios de arte en la Academia de Bellas Artes de Berlín. A los 27 años de edad, en 1936 se graduó como una de las mejores alumnas de su promoción. Años más tarde, en 1938, Trude contrajo matrimonio con Dezider Schwartz, un funcionario público. Trude se embarazó justo antes de ser atrapada por los nazis. Su hija, Gabriela, nació en el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia. Dadas las terribles circunstancias de hambre y enfermedad, Gabriela murió poco después de haber nacido. Tras la subida de Hitler al poder, la familia fue separada y únicamente un hermano Waltre Sojka con su esposa sobrevivieron y consiguieron venir al Ecuador. En 1945, Trude y otros presos fueron liberados del campo de concentración por los soviéticos y retornó a Praga, pero lastimosamente ya no encontró a ningún pariente. Tras recuperar algunas pocas pertenencias sobrevivió con trabajos temporales hasta que encontró un anuncio en la Cruz Roja de su hermano Waltre, buscándola a ella y su familia. Al dar con el paradero de su hermano en Ecuador, emprendió una larga travesía hasta llegar al puerto de Guayaquil. Allí se reencontró con su hermano y además conoció a Hans Steinitz con quien contrajo matrimonio en 1948 y se instalaron en el barrio de La Floresta. Así inició la nueva vida de una mujer que se dedicó al arte, haciendo obras con materiales de reciclaje y en cemento, siendo pionera en ello. Llegó a entablar amistad con muchos intelectuales y artistas de renombre, tales como Gilberto Almeida, Oswaldo Guayasamín, Pilar Bustos, Víctor Mideros y Manuel Rendón. Angustia, tragedia y dolor se contraponen a la esperanza, la vida y la fuerza vital de una mujer luchadora que amó al Ecuador como a su propia tierra y cuya esencia está plasmada en cada escultura o cuadro.

A través del recorrido es posible transportarse en el tiempo y reconstruir uno de los episodios más traumáticos para la historia de la humanidad y a la vez reflexionar sobre la vida, la muerte, las guerras, pero también a valorar la paz como un patrimonio fundamental de los seres humanos de cualquier parte del orbe.

Tras una revisión de algunas fotografías de la guerra, de los campos de concentración y de un análisis de la vida de Sojka, ingresamos a un espacio secreto que fue construído a manera de un pequeño búnker donde sus propietarios almacenaban cosas que les permita estar preparados ante cualquier suceso que pudiera acontecer. A pesar de que Ecuador ayudó a muchos refugiados judíos y europeos en general venir al país, las tensiones provocadas por la posterior Guerra Fría, más la campaña mediática promovida desde los Estados Unidos, hacía temer a la población una posible invasión a Sudamérica sea de japoneses o de los propios alemanes nazis.  Fue en medio de esas tensiones que el gobierno ecuatoriano cedió la isla Baltra en las Galápagos para la instalación de una base miliar conocida como Base Beta y que duró entre 1942 a 1945.

Aún se conserva el taller de la artista donde actualmente se guardan las obras que no se exponen en sus salas y que se van rotando a lo largo del año. Según nos ha comentado Ana se han conservado cerca de 300, además de algunos dibujos, documentos y otras pertenencias.

En la segunda planta nos comentó Ana que está planificando abrir el Café Praga, un espacio donde los visitantes puedan venir a probar los mejores postres checos junto a una deliciosa y humeante taza de café, así como compartir entre amigos.

El siguiente lugar que nos impresionó fue la biblioteca en la que se han catalogado y conservado infinidad de libros en español, inglés, checo, francés y otros idiomas, los cuales tratan sobre el Holocausto y el arte. Es ideal para quienes deseen zambullirse en la historia mundial.

En los exteriores también existen algunas esculturas dejadas por la artista.

La Casa Cultural Trude Sojka fue abierta al público en el año 2009 por las hijas de Sojka (Ruth, Eva, Hedwika y Ana) como un homenaje a una mujer luchadora y sobreviviente del holocausto, pero también como un espacio para el fomento de la paz. Ha recibido el apoyo de la Embajada de Israel, así como del Ministerio de Cultura y Patrimonio del Ecuador, además de haber sido nombrada por la National Underground Railroad Freedom Center como Estación de Libertad.

Para tener más información sobre las actividades que se realizan, pueden visitar el sitio web https://casaculturaltrudesojka.wordpress.com/

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