Yunguilla, naturaleza, historia y comunidad…

Texto y fotos: Fabián Amores Núñez.

Del 6 al 10 de junio pasados tuvimos el privilegio de apoyar a Quito Turismo, a través de la operadora Galápagos Sunny Roads con la realización de un Press Trip. Los invitados fueron los periodistas españoles Galo Martín Aparicio de Madrid y Daniel Martorell de Palma de Mallorca.

La aventura inició el día jueves a las 07h30 en el Hotel Patio Andaluz, ubicado en el Centro Histórico de Quito. Desde allí salimos hacia el noroccidente de la provincia de Pichincha. Para quienes vivimos en la ciudad, quizá el trayecto hacia San Antonio de Pichincha resulte tan familiar que muchas veces no prestamos atención al paisaje o incluso a ciertos detalles de la vida capitalina, pero cuando se tiene la oportunidad de viajar con extranjeros y más siendo fotógrafos y periodistas, son ellos los que te hacen redescubrir con otras miradas tu propio entorno.

Luego de atravesar Pusuquí, pasamos por Pomasqui, una de las 65 parroquias que conforman el Distrito Metropolitano de Quito, establecida por los conquistadores españoles en 1573 como Santa Clara y Santa Rosa de Pomasqui. En su centro se encuentra la iglesia Matriz y el santuario dedicado a la imagen del Señor del Árbol, un rostro de Jesús tallado sobre el tronco del árbol de kishwar (Buddleia inca) y cuyas festividades se realizan en el mes de julio. Llama la atención a lo largo de la vía las “huecas” donde se puede degustar la tradicional fritada, el plato ícono de la zona, preparada a base de carne de cerdo frita en enormes pailas de bronce.

Continuando la travesía tenemos a San Antonio de Pichincha, considerada una de las parroquias más famosas de nuestro país, debido a que en ella se encuentra el monumento a la Mitad del Mundo, símbolo de la historia e identidad del Ecuador, además de ser la sede de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) desde 2014. Hacia el este observamos el cerro sagrado de Catequilla (2638 m.s.n.m.), lugar donde según las investigaciones arqueoastronómicas habría existido un observatorio astronómico en tiempos preincas y sobre el cual aún hace falta realizar más investigaciones, además de la atención urgente de las autoridades vinculadas a la conservación del patrimonio cultural de la nación con miras a revalorizar este espacio. 

A partir de aquí, el paisaje semi desértico empieza a cambiar paulatinamente conforme vamos avanzando por la carretera hacia el noroccidente. La siguiente vista nos la roban los emblemáticos cerros de La Marca, de los cuales hay quienes se acuerdan de la explotación minera de la cal que los ha debastado, pero casi nadie los identifica como símbolos del escudo de la provincia de Pichincha. Al fondo se ve cómo las nubes cubren el área donde se asienta el cráter del volcán Pululahua.

La siguiente parroquia por la que pasamos es la de Calacalí, una pequeña ciudad típica de los Andes donde se conserva el primer monumento de la Mitad del Mundo, así como la casa donde nació la afamada cantante ecuatoriana, considerada “Reina del Pasillo”, Carlota Jaramillo (1904-1987).

Tanto para Galo como para Daniel, Ecuador era uno de los países latinoamericanos que más migración había enviado a España y aunque les era muy familiar encontrarse con nuestros compatriotas en Madrid, visitar nuestro país significó encontrarse con las raíces de un pueblo cargado de historia y una riqueza cultural que, a decir de Galo, no la hemos difundido lo suficiente fuera de las fronteras nacionales.

Un letrero en la carretera que conecta a Quito con San Miguel de los Bancos y La Independencia, nos anuncia el desvío para ingresar a Yunguilla, un santuario donde se venera a la riqueza natural de una de las zonas más biodiversas del planeta. Tras serpentear unos 20 minutos por una carretera en buenas condiciones, nos encontramos con Alex Collahuazo, nuestro guía comunitario. Después del saludo y presentaciones de rigor, nos condujo hacia la casa de una de las familias que conforman la comunidad de Yunguilla, localizada a 2.650 metros sobre el nivel del mar en una zona de bosque nublado. El paisaje nos sorprendió con sus diversas tonalidades de verde y el cielo se despejó transformándose en un lienzo azul intenso en cuyo fondo apareció imponente el volcán Mama Coatacachi (4.944 m.).

Nuestra primera parada fue en la casa de Germán Collahuazo, líder de la comunidad de Yunguilla y uno de los iniciadores de un proyecto que le ha cambiado la vida a más de 40 familias de la zona. Allí nos recibió junto a su esposa y a un juguetón cachorrito que no paraba de hacer piruetas para que los invitados le prestásemos atención y jugáramos con él. Un sustancioso desayuno compuesto por un delicioso café pasado, frutas, huevos, pan fresco acompañado de una mermelada local de una fruta llamada chigualcán y patacones fue el pretexto ideal para iniciar una interesante conversación en la que nuestro anfitrión nos compartió la historia de lucha y organización de su comunidad desde hace más de 20 años.

Según nos contó, esta región estuvo poblada en tiempos ancestrales por la civilización de los yumbos (800 d.C.), los cuales fueron comerciantes, agricultores y sabios astrónomos, cuyo principal legado nos ha quedado en el Valle Sagrado de Tulipe y en una serie de caminos llamados culuncos que comunicaban al Quito prehispánico con la costa norte. Durante la época colonial, la mayor parte de estas tierras fueron convertidas en haciendas latifundistas dedicadas a la ganadería y agricultura hasta que en 1964, tras la reforma agraria, la junta militar realizó la repartición de tierras entre los pobladores de la zona. Sin embargo, al no contar con apoyo gubernamental para el desarrollo de actividades agroproductivas, los lugareños debieron dedicarse a la tala del bosque con el objetivo de obtener madera para la producción de carbón. La difícil situación económica de las familias hizo que entre 1980 a 1990 también se dedicaran al contrabando de aguardiante a través de los culuncos. En el año de 1995 llegó la Fundación Maquipucuna para empezar un proyecto ambiental en la comunidad con 18 personas. Así fue como se inició un intenso proceso de capacitación que llevó a Germán y a otros jóvenes de la zona a concientizar a las demás familias sobre la importancia de la recuperación del bosque nativo, así como el reemplazo de la actividad extractivista por el ecoturismo. En 1999 comenzaron a llegar los primeros grupos de voluntarios extranjeros y recibieron a un primer grupo de turistas holandeses con los que se dio inicio a un nuevo modo de vivir y al mismo tiempo de conservar el bosque nublado.

Escuchar de la voz de un líder comunitario sus aciertos y tropiezos a lo largo de veinte años de una lucha incansable por defender la tierra, el bosque, las aves y diversas especies que allí habitan, es una experiencia que nos invita a reflexionar acerca de lo que hacemos los seres humanos en el día a día.

Luego de una hora de una cátedra de historia, fue el turno de nuestro guía Alex, quien nos llevó a una mágica caminata por las estribaciones occidentales de la cordillera de los Andes ecuatorianos. Iniciamos en una casa llamada Tahuallullo donde normalmente se suele recibir a los grupos grandes. Aquí hay un área para servir el almuerzo a los excursionistas y además espacio para alojar a 9 personas.

Fotos de la casa Tahuallullo, área para comer y hospedaje.

La caminata inició por un orquideario natural donde se están recuperando y conservando algunas especies de orquídeas que van desde unas grandes y vistosas, hasta unas diminutas que podrían caber en el dedo de una mano. Es gratificante conocer personas como nuestro guía que no solo sabe de lo que te está hablando, sino que además desborda en pasión por su trabajo y por su comunidad. Eso se transmite y se siente. A lo largo de tres horas, realizamos una caminata que incluyó tres proyectos socioproductivos que hacen de Yunguilla una comunidad sostenible y donde el turismo se ha convertido en una herramienta de apoyo al desarrollo de la comunidad, pero que además ha sido el motor que les ha permitido crear otras iniciativas como la producción de mermeladas, quesos y lácteos.  Tanto mujeres como hombres trabajan hombro a hombro en la ejecución de cada una de las iniciativas, las cuales hoy forman parte de la Corporación Yunguilla.

Mermelada de chigualcán, una fruta de la zona que no conocíamos fue la sorpresa de la mañana. También las hacen de mora y frutilla y ya las comercializan en la ciudad. Otra delicia que pudimos probar fueron chips de zanahoria blanca 100% orgánica cultivada en el lugar. Por su parte, en la fábrica de quesos y lácteos se producen quesos frescos y yogur.

El siguiente punto fue subir hasta el mirador donde están construyendo un restaurante que estará abierto en los próximos meses para todos los que que deseen venir a compartir un día con la comunidad y degustar platillos preparados con ingredientes de la zona.

Continuamos por un huerto orgánico cuyos productos sirven para abastecer a los turistas que llegan. La vista de las montañas, del bosque y la paz que se respira en este mágico lugar son atractivos que compiten con la calidez de sus habitantes.

Quizá lo que más nos sorprendió a Galo, Daniel y a mi y que fue el motivo de nuestras conversaciones a lo largo del recorrido fue la organización comunal que ha dado sus frutos en Yunguilla. Aquí no se busca el lucro personal, sino el crecimiento sostenible de toda la comunidad, siendo, a mi modo de ver, uno de los sitios de mi país que gracias a su esfuerzo y dedicación han logrado llegar al sumak kawsay, es decir, al buen vivir. Es una especie de socialismo que ha nacido desde la base comunitaria y no desde la imposición de un gobierno.

Al finalizar la caminata nos dirigimos de vuelta a la casa de Germán donde nos esperaba su esposa con un suculento almuerzo cuyo protagonista fue la deliciosa sopa de quínua. Realmente este fue uno de esos días en los que aprendemos a descubrir más pretextos para amar a nuestro país y a su gente. Vale la pena aventurarse a Yunguilla para aprender de sus habitantes y entender lo que el pensamiento colectivo puede hacer por transformar a la sociedad.

SERVICIOS Y ACTIVIDADES

En la comunidad es posible realizar caminatas guiadas por los senderos para conocer sus proyectos socioproductivos o incluso hacer excursiones por los culuncos prehispánicos. El hospedaje se realiza actualmente en las casas de las familias que han acondicionado habitaciones con baño compartido y que ofrecen, además de las comodidades de un hogar, la calidez y amistad de personas sencillas, pero con una sabiduría que no tienen reparo en compartir.

Si quieren más información sobre la comunidad, cómo llegar y los servicios que ofrecen a quienes se animen por hacer verdadero turismo comunitario, ingresen al website http://www.yunguilla.org.ec.

 

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